Trump anuncia su plan arancelario como si fuera un presentador de un concurso televisivo... que acaba sin ningún ganador
Hubo gráficos y marcadores, como si 'El precio justo' hubiera llegado a la Casa Blanca. ¿El gran premio? Una guerra comercial global Trump anuncia aranceles del 20% para la UE: “Hoy América empieza a ser rica de nuevo”
Era como si
El precio justo se hubiera trasladado a Washington.
En un día inusualmente frío en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, Donald Trump se presentó con una tabla gigante en la que enumeraba los aranceles que impondría a China, la Unión Europea, el Reino Unido y otros desafortunados concursantes.
¿El ganador?
Trump, por supuesto, el maestro del populismo falso, observado por una multitud entre los que se encontraban hombres con cascos de obra y chalecos reflectantes de construcción.
¿Los perdedores?
Todos los demás.
Para evitar titulares negativos, Trump no quiso que su “día de la liberación” coincidiera con el Día de los Inocentes –1 de abril en EEUU–, así que esperó hasta el 2 de abril para entrar en su paraíso de ilusiones. Lo que en realidad celebró fue la liberación de sus viejos agravios sobre cómo EEUU, según él, ha sido estafado, mientras desafiaba al mundo con un gesto desafiante.
“Durante décadas, nuestro país ha sido saqueado, expoliado, violado y despojado por naciones cercanas y lejanas, tanto amigas como enemigas”, declaró el presidente con nueve gigantescas banderas estadounidenses de fondo en la columnata de la Casa Blanca: “Los tramposos extranjeros han arrasado nuestras fábricas y los carroñeros han destruido nuestro antes hermoso sueño americano”.
Trump hizo un guiño a los trabajadores siderúrgicos, automovilísticos, agricultores y artesanos estadounidenses presentes entre el público. Estos obreros han sido clave en su ascenso político. Sus ciudades industriales en el Medio Oeste y otras regiones quedaron devastadas por las políticas comerciales de Ronald Reagan y Bill Clinton, que enviaron miles de empleos al extranjero en busca de mano de obra más barata.
Trump no llegó a decir que su “día de la liberación” representaba un rechazo definitivo a Reagan, aún considerado una figura sagrada dentro del Partido Republicano. Pero sí hundió una estaca en el corazón del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) de 1994, calificándolo como “el peor acuerdo comercial jamás firmado”.
En la gran revuelta contra la globalización de 2016, los trabajadores olvidados podrían haber votado por el populismo de izquierda de Bernie Sanders, pero este perdió la nominación demócrata ante Hillary Clinton.
En su lugar, muchos optaron por Trump, creyendo en sus promesas de que solo él podía arreglarlo, acabar con la “carnicería estadounidense” y reactivar las fábricas. En realidad, lo que entregó fue una factura de 1,5 billones de dólares en recortes de impuestos para corporaciones y ricos.
Muchos trabajadores volvieron a los demócratas con Joe Biden en 2020. Él sí invirtió dinero en la industria, por ejemplo, con la Ley de Ciencia y Chips, un proyecto apoyado por ambos partidos que destinó 52.000 millones de dólares a revitalizar el sector de los semiconductores.
Sin embargo, en 2024, el péndulo osciló nuevamente.
De algún modo, un multimillonario neoyorquino con antecedentes penales volvió a convencer a los trabajadores manuales de que estaba de su lado. Aseguró que podía imponer aranceles (impuestos sobre importaciones extranjeras), a los que ha descrito como “la palabra más hermosa del idioma inglés”, como si fueran una varita mágica.
En realidad, los expertos advierten de que esto solo traerá precios más altos y un crecimiento más lento. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, no lo llamó “día de la liberación” sino “día de la terminación”, por todos los empleos que se perderán. Trump jugando con aranceles es como un niño jugando con fósforos.
Mientras se preparaba para firmar la orden ejecutiva que impondría aranceles recíprocos a unos 60 países, Trump reflexionó que había llegado la hora de ajustar cuentas: “Recíproco: eso significa que ellos nos lo hacen a nosotros y nosotros se lo hacemos a ellos. Muy simple. No puede ser más simple que eso. Este es uno de los días más importantes, en mi opinión, en la historia de EEUU. Es nuestra declaración de independencia económica”.
Era un mensaje extraño viniendo del líder del país más rico y poderoso del mundo, mientras imponía aranceles a lugares como Etiopía, Haití y Lesoto.
“Durante años, los ciudadanos estadounidenses trabajadores se vieron obligados a quedarse al margen mientras otras naciones se hacían ricas y poderosas, en gran parte a nuestra costa. Pero ahora nos toca a nosotros prosperar… Hoy defendemos al trabajador estadounidense y finalmente ponemos a EEUU primero”, afirmó.
Aun así, Trump aseguró que estaba siendo generoso al no aplicar una “reciprocidad total”. Llamó a su secretario de Comercio, Howard Lutnick, para que trajera el gráfico al podio y, como si fuera un concurso de televisión, empezó a repasar los “marcadores” en la tabla:
“China, primera fila. China, 67%. Ese es el arancel que nos cobran a nosotros, incluyendo manipulación de divisas y barreras comerciales. Así que 67%, pero nosotros les vamos a cobrar un arancel recíproco con descuento del 34%. Es decir, ellos nos cobran, nosotros les cobramos, pero les cobramos menos. Así que, ¿cómo podría alguien molestarse?”, dijo.
“Unión Europea, son muy duros, comerciantes muy, muy duros. Uno piensa en la Unión Europea, muy amigables. Nos estafan. Es muy triste decirlo, es patético. 39%. Les vamos a cobrar el 20%, así que básicamente les cobramos la mitad”, añadió.
“Vietnam: grandes negociadores, gran gente, les gusto. Me gustan. El problema es que nos cobran un 90%. Les vamos a cobrar un 46% de arancel”, aseguró.
Y así siguió con Taiwán, Japón (“muy, muy duros, gran gente”), Suiza, Indonesia, Malaisia y Camboya: “Reino Unido, 10%, y nosotros vamos a hacer lo mismo con un 10%”.
Después de repasar las cifras, Trump divagó, como suele hacer en sus actos de campaña: “El precio de los huevos ha bajado un 59% y sigue bajando, y la disponibilidad es fantástica. Estaban diciendo que para Pascua, por favor, no usen huevos. ¿Podrían usar huevos de plástico? Yo dije, no queremos hacer eso”.
Y luego: “Es un término tan anticuado pero hermoso: víveres. Básicamente se refiere a una bolsa con diferentes cosas dentro. Los víveres se dispararon y yo hice campaña sobre eso. Hablé mucho de la palabra ‘víveres’, y los costes de la energía ahora han bajado. Los víveres han bajado”.
En otras palabras, todo va de maravilla, a pesar del escándalo de
Signalgate, a pesar de los decepcionantes resultados electorales del martes, a pesar de la caída de las bolsaas y la debilitada confianza del consumidor. Ahora, también una guerra comercial global.
EEUU está a punto de descubrir que lo único más peligroso que un político que no cree en nada es un político que cree en algo estúpido.