El BNG, con Néstor Rego como único representante en el parlamento
español, ha aprovechado para erigirse como el auténtico y genuino
paladín del antimilitarismo. Sus encendidos discursos llenan de emoción
a su mundo político, ansioso por presentarse como el partido más
antiimperialista de toda Europa (calificativo recogido por algunos medios
progres fuera de Galiza). Sin embargo, es necesario pararse un poco y
analizar en frío y fuera de todo el ruido parlamentario hasta dónde
llega ese compromiso con el antimilitarismo.
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BNG, ¿antimilitarismo u oportunismo?La izquierda a la izquierda del PSOE ha visto en la asunción del plan de rearme europeo por parte de Sánchez un posible balón de oxígeno que la rescate de su creciente irrelevancia política. El grueso de este lado del arco parlamentario, al que ahora se adhiere el propio Sumar, ha asumido formalmente una supuesta oposición a los planes militaristas de las élites políticas. El BNG, con Néstor Rego como único representante en el parlamento español, ha aprovechado para erigirse como el auténtico y genuino paladín del antimilitarismo. Sus encendidos discursos llenan de emoción a su mundo político, ansioso por presentarse como el partido más antiimperialista de toda Europa (calificativo recogido por algunos medios progres fuera de Galiza). Sin embargo, es necesario pararse un poco y analizar en frío y fuera de todo el ruido parlamentario hasta dónde llega ese compromiso con el antimilitarismo. Las palabras, como sabemos, se las lleva el viento y es en los hechos donde estas se ponen a prueba.
En el plano militar, en los últimos 15 años de trayectoria política del BNG hemos visto cómo la formación nacionalista, en nombre del interés nacional de Galiza, combina una retórica antimilitarista con una serie de prácticas poco coherentes con este discurso. Hoy es común ver en las imágenes de la guerra en Ucrania a los vehículos militares VAMTAC, fabricados por la empresa santiaguesa Urovesa, la cual ha sido apoyada en varias ocasiones por el grupo municipal compostelano de la formación nacionalista. El propio Néstor Rego ha defendido a capa y espada que la empresa militar gallega fuera beneficiada en un concurso de Defensa para construir 750 todoterrenos para el ejército frente a las empresas competidoras andaluzas. También, el BNG ha presionado junto con el PSOE para que, mediante una recalificación de terrenos de uso industrial, esta empresa instalase una hipotética línea de producción en A Baña. El BNG también ha mantenido un pulso con los puertos andaluces para que el gobierno central situase la construcción de buques militares para la armada española por parte de Navantia, como la monstruosa fragata F-110, en los astilleros ferrolanos. Pese a sostener la necesidad de diversificar los astilleros y transformarlos en un “complejo industrial integral” centrado en la industria civil, el lado militar no se rechaza. El propio Rego posó orgullosamente detrás de una pancarta donde se insta a integrar “Civil, militar, eólico, turbinas y reparación”.
El pasado fin de semana, las juventudes de Galiza Nova celebraban un acto en Noia bajo el lema “Máis berberechos, menos escopetas”, eslogan que denota una cierta hipocresía teniendo en cuenta que el propio BNG ha sido un gran defensor de la permanencia de la histórica Fábrica de Armas en A Coruña.
En lo diplomático, pese su solidaridad abstracta con el pueblo palestino, el BNG ha secundado las condenas a las acciones armadas de la resistencia palestina a raíz de la Operación Inundar Al-Aqsa. Además, en todo comunicado resaltan su utopía pacificista y burguesa de que imperialismo y la guerra pueden resolverse por vía diplomática. Pese a haber orquestado una abstención en cuanto a los presupuestos generales del estado, el BNG ha dado voto favorable a la investidura de los gobiernos progresistas a cambio de una serie de rebajas en los peajes de la AP-9 que a día de hoy distan de cumplirse en lo más mínimo –y estamos hablando de unos gobiernos que, como sabemos, han encabezado las mayores subidas en la historia del gasto militar desde la guerra civil.
Todas las excusas, que nos recuerdan a las empleadas por Kichi ante las críticas por autorizar la construcción de corbetas para los saudíes en los astilleros gaditanos, han sido mantener los puestos de trabajo y el desarrollo industrial del país. En nuestra opinión como socialistas la consigna debería ser más bien “Ninguna industria para la guerra capitalista en Galiza”, lo cual implicaría tener en cuenta los intereses generales del proletariado por encima de intereses inmediatistas y electoralistas. Es necesario ir más allá de la estrechez de miras del punto de vista nacionalista. Frente al capital y sus sectores militaristas – incluidos los gallegos – sólo cabe el internacionalismo proletario consecuente tanto en palabras como en hechos. Someter tu política a un punto de vista nacionalista tiene aristas como las señaladas, en nombre del interés general de la nación se alimentan también las industrias de guerra en suelo gallego. De aquellos polvos, estos lodos.